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Casi todas las empresas usan IA, solo un 6 % la ve en su EBIT

Pitu Sabadí Publicado el Guías

Un embudo de tres tramos, con el ancho de cada tramo proporcional a su cifra. Encima, el rótulo «empresas que usan IA». El tramo más ancho lleva el 80 %: mejora la productividad de cada persona. El intermedio lleva el 37 %: dice que eso se ve en el EBIT. El cuello, en azul y muy estrecho, lleva el 6 %: dice que aporta un 5 % o más del EBIT.


Casi nueve de cada diez empresas ya usan IA de forma regular. Solo el 37 % dice que eso se note en su EBIT. Y un 6 % le atribuye el 5 % o más de su resultado, según el último informe de McKinsey.

La diferencia entre esos tres grupos no está en el modelo que usan. Está en qué trabajo le han dado a la IA.

La IA que se nota en el EBIT sustituye una factura

Cuando una empresa usa IA para ir más rápido, el equipo trabaja mejor y el gasto se queda igual. Los sueldos ya estaban pagados. El resultado no se mueve.

Cuando la IA hace un trabajo que hasta ahora se pagaba fuera, el gasto baja. Y ese gasto está justo encima del resultado.

Imagina una empresa que factura 1,5 millones de euros al año y paga 100.000 euros a un proveedor que le hace un trabajo repetitivo delante de un ordenador. Si pasa a hacer dentro el 80 % de ese trabajo, esto es lo que cambia:

Hoy Haciendo dentro el 80 %
Factura del proveedor 100.000 € 20.000 €
Resultado de explotación (EBIT) con un margen del 10 % 150.000 € 230.000 €
Crecimiento del resultado +53 %

Son cifras de ejemplo, redondas para que la cuenta se entienda. Esa empresa no vende más y no contrata a nadie: una persona del equipo dedica unas horas a la semana a validar lo que produce la IA. Y su resultado crece más de la mitad.

Dos escenarios con la misma escala y la misma línea base. A la izquierda, la IA sobre el proceso actual: la barra del proveedor marca 100.000 € y la del resultado 150.000 €. A la derecha, la IA en lugar del proveedor: la barra del proveedor baja a 20.000 €, el tramo que deja de pagarse queda dibujado en discontinuo con la etiqueta «− 80.000 €» y una flecha lo lleva al bloque azul que corona el resultado, hasta 230.000 €. Una línea discontinua marca el resultado de hoy y cruza los dos escenarios.

Por qué la mayoría no lo ve en sus cuentas

Los datos son del informe The state of AI in 2026: On the road to ROI, que McKinsey publicó en agosto de 2026 con 1.719 respuestas recogidas entre mayo y junio.

El informe dice que el 80 % de los encuestados nota una mejora en la productividad individual, y que solo el 37 % atribuye a la IA algún impacto en el EBIT. Esa segunda cifra es la misma que el año anterior, aunque en este año hayan crecido tanto el uso como el número de empresas que escalan la IA a toda la organización.

La explicación está en el grupo que sí lo consigue. McKinsey llama empresas de alto rendimiento a las que atribuyen a la IA el 5 % o más de su EBIT y describen el impacto como significativo. Son el 6 % de los encuestados. Casi tres de cada cuatro han rediseñado sus procesos, frente a una de cada cuatro en el resto: rediseñan el flujo de trabajo en lugar de insertar la IA en el que ya tenían.

Rediseñar un proceso no significa cambiarlo todo. Significa cambiar quién hace cada paso.

Pregunta: ¿han rediseñado el proceso? Dos filas de cuatro casillas. En las empresas del 6 % que ve el EBIT hay tres casillas marcadas en azul, tres de cada cuatro. En todas las demás hay una sola casilla marcada, una de cada cuatro. Al pie, la fuente: McKinsey, The state of AI in 2026.

El patrón: la IA ejecuta, tu equipo valida

Los cuatro pasos son los mismos en cualquier sector:

  1. Entra el trabajo como entra hoy: un documento, un pedido, una solicitud, un archivo.
  2. La IA lo prepara y lo ejecuta siguiendo reglas escritas, las mismas que sigue hoy el proveedor.
  3. Marca lo que no tiene claro en lugar de decidirlo por su cuenta.
  4. Una persona de la empresa valida el resultado y resuelve lo que se ha marcado.

El resultado es un reparto nuevo. El trabajo repetitivo sale del proveedor, el criterio se queda dentro y el proveedor pasa a cubrir los picos y los encargos excepcionales.

Dos carriles. En el carril de dentro, cuatro pasos numerados y unidos por flechas: entra el trabajo, la IA lo ejecuta con reglas escritas, marca las dudas y una persona valida, con el sello de validación en azul. En el carril de fuera, la carga del proveedor: una barra completa antes y una barra reducida a una quinta parte ahora, con el resto en discontinuo y la etiqueta «solo los picos».

El cuarto paso no es un detalle: es lo que hace que el proceso se sostenga. Nadie firma un trabajo que nadie ha revisado. Cómo se monta esto, fase a fase, está en la página de implantación de IA.

Cuatro condiciones para saber si un proceso vale

Antes de montar nada, el proceso candidato tiene que cumplir cuatro cosas. Si falla una, no es por donde empezar:

  • Las reglas se pueden escribir. Hay plantillas, normativa, un manual o un criterio que alguien puede dictar.
  • El volumen se repite. Muchos encargos parecidos al año, no proyectos únicos.
  • El resultado se puede comprobar. Se sabe si está bien hecho, y se sabe mirando.
  • Hay alguien dentro que pueda validar. Sin esa persona, el trabajo no se puede internalizar.

Un ejemplo completo

En una editorial, ese trabajo es la maquetación de los libros: entra el Word del autor, la IA aplica los estilos de la colección y monta la estructura, y quien maqueta hace el ajuste fino y valida. Está contado con números en el artículo sobre maquetación con IA.

El mismo patrón aparece en la traducción de fichas de producto, en la documentación técnica, en la redacción de ofertas para licitaciones y en la revisión documental. Cambia el oficio, no la mecánica. En el catálogo están los casos que implantamos, uno a uno.

Dónde mirar en vuestras cuentas

El primer paso se puede dar sin nosotros y sin tecnología. Abre el balance y mira dos cuentas: la 607, trabajos realizados por otras empresas, y la 623, servicios de profesionales independientes.

Apunta cada proveedor que os factura por trabajo que se hace delante de un ordenador, con su importe anual. Pasa esa lista por las cuatro condiciones. Lo que quede en pie es vuestra cola de candidatos, ordenada por importe.

Qué hacen distinto las empresas del 6 %

Tres cosas, y ninguna es tecnológica.

Eligen un proceso que hoy genera una factura, en lugar de repartir IA por toda la empresa.

Cambian el reparto del trabajo, en lugar de añadir una herramienta al proceso actual. Es el rediseño que mide McKinsey.

Miden desde antes de empezar. Según el informe, esas empresas tienen el doble de probabilidades de contar con procesos definidos para medir el impacto y con una dirección comprometida con el proyecto. Si el número de partida se toma cuando el sistema ya funciona, no hay nada que comparar. Y sin comparación, el proyecto no llega a la reunión donde se deciden los presupuestos.

¿Qué proveedor os factura cada mes?

Cuéntanos qué hace ese proveedor y cuánto os factura al año. Te decimos si cumple las cuatro condiciones y qué parte se puede hacer dentro. Escríbenos: sin compromiso, hablas con quien hará el trabajo y, si no encaja, te lo decimos.

¿Hablamos de tu caso?

Cuéntanos cómo trabaja hoy tu equipo y dónde se atasca. Analizamos si hay algo que merezca la pena implantar y, si no lo hay, también te lo decimos.

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